6.7 Kashan
(06.06.1618)
Vinieron otro día los gobernadores y algunos otros persianos principales por el Embaxador, porque le querían hacer fiesta en el Maydan, y llegados delante de la casa Real, y apeadose, se la mostraron primero con el árame y huertas, como se ha dicho; le dixeron si quería subir á la varanda que cae sobre el terrero y plaza, ó mirar desde abajo una gran contienda que había de haber entre unos carneros y toros, grandes peleadores. Y como él quisiese verla desde abaxo, mandaron luego desocupar toda aquella parte del Maydan cercana, de grande número de gente que allí estauba muy junta y apiñada, teniendo ansimesmo infinitas mujeres, con sus mantos blancos, ocupada la parte de la plaza frontera de adonde se había de hacer la fiesta.
Llegaron luego algunos hombres de cada parte, aconpañando otros dos que cada uno de ellos traía un gran carnero con muchas sartas de flores á los cuellos y cuernos, que habiéndolos incitado y animado primero con algunas palabras que les decían paso y cerca de las orejas, comenzaron con grande ínpetu á darse grandes topadas como lo suelen hacer adonde quiéralos demás carneros, mas de que estos, como acostunbrados á ello, peleaban con más coraje y furia. Y aunque en esto solo había poco que ver, eran muy para notar las demostraciones de alegría ó de tristeza que hacían los dueños de los carneros, sigún alguno de ellos vencía ó se retíraba del otro, aplaudiendo muchos de los parciales del vencedor, con grande grita, ó rreсibiéndola los otros con un tristísimo silencio, haciéndose antes de la conocida victoria grandes apuestas de unos ó otros.
Acabóse esta primera contienda y salieron los dueños de dos grandes toros, los cuales eran mayores de los que en Persia se habían visto, aunque no de mayores cuernos, siendo menores de un palmo, y los toros del tamaño de los de Xarama que ordinariamente corren en las fiestas de Madrid, y de aquel mesmo color, por la mayor parte negros. Venían muy adornados de guirnaldas de flores y cintas de colores, y los dueñas con mucho mayor aconpañamiento que los de los carneros, repartiendose en estas dos facciones toda la gente popular de esta ciudad, de manera que tenia ocupada la mayor parte de aquella gran plaza. Todos estos hombres traían sus palos como medíanos bordones en las manos, excepto los dueños de los toros, que no los traían, ni otra arma alguna, pero venían con un semblante enojado y cuidadoso como si fuesen ellos propios los que hubiesen de combatir, teniendo á suma afrenta y desgracia cada uno de ellos si su toro fuese vencido del otro.
Porque de costumbre inmemorial, aunque común en todas las provincias del reino de Persia, se tiene este combate de los toros por particular y ordinario entretenimiento en esta ciudad, habiendo algunos de estos hombres populares tan inclinados á él, que con gran precio andan á buscar toros afamados, aunque sea de muy lejos, consistiendo en esto lo más de su estimación y honrra. Y como las facciones y parcialidades sean tan comunes á los hombres, crecen en las ciudades y lugares grandes conforme á la competencia y contención que esté en uso, no solo en las cosas de veras y que se hayan movido por precedencia de honor, ó venganza de agravios y ofensas recibidas, pero aun en las que nacen de las fiestas v entretenimientos públicos, por particular afición á los unos ó á los otros de las partes que en ellas entran, como por muchas edades sucedió en Roma entre los parciales de los Prasinos y Vénetos.
Ansí acaece aqui en esta ciudad de Caxen, estando el pueblo todo repartido en facciones, favoreciendo ahora á unos ó á otros de los toros que conbaten, siendo lo mismo, aunque de mucho menos contención, en los carneros, llegando muchas veces la competencia tan adelante que gran parte de ellos quedan bien descalabrados.
Y lo que más enciende los ánimos de esta gente para llegar tan sangrientamente á las manos, aunque sin otras más armas que palos, es que si después de haber peleado los toros no hay conocida diferencia en el vencimiento de alguno de ellos, huyendo y dejando la plaza al más valiente, los dueños, que están junto a ellos siempre que combaten, vienen primero á competencia de palabra, alabando y defendiendo cada uno de ellos su propio toro, y luego llegan á las manos, dándose grandes puñadas y coсes, como en el Pancracio de las Olimpias y juegos Ismicos de los antiguos, acudiendo luego los fautores de una parte y otra á fauorccer su parcial. Entonces se enciende la brega y riña popular entre todos, de manera que sin poderlos apartar los gobernadores, ni sus soldados y ministros, quedan los más de ellos derribados y ensangrentadas muy bien las cabezas, habiendolo pasado mucho peor los dueños de los toros, sacándolos medio muertos de la contienda; tanta es la rabia y furor con que conbaten; las mujeres, que ansimismo son parciales y se hallan algo apartadas á mirar este espectáculo, aunque no les toca llegar á las manos ni conbatir, pero ayudan á los suyos con grandes gritas y clamores de alegría ó tristeza, sigún se muestra la victoria, ó vencimiento de las partes que á las unas ó á las otras tocan, estando divididas y apartadas y sucediendo lo mismo en los muchachos.
Llegaron, en fín, estos dos toros, incitados de sus dueños, y después de haber arremetido furiosamente uno á otro, frente por frente, quedaron aferrados y muy asidos unos cuernos con los otros, y de esta manera se impelían alternadamente, cuando á la una parte y cuando á la otra, con grande aplauso y grita de las parcialidades, mayormente de los mismos dueños, que los animaban con todo genero de ademanes y palabras. Pero lo que más acrecentaba la fiesta y de lo que de toda ella era más para notar, era de los alaridos y gritos de las mujeres, que aunque más apartadas y asentadas ordenadamente, cubiertas con sus mantos blancos, ayudauan con esto á sus partes.
Y después de haber los toros en esta forma peleado gran rato, ya muy cansados y dando grandes bufidos, sin poderse rendir, se apartaron uno de otro manando sudor y con muchas heridas en las frentes y cerca de las orejas.
Entonces quiso el Embajador que los apartasen del todo, pues habían hecho el deber como buenos conbatientes, mandando que á los dueños se le diese alguna cantidad de dinero, que entendido de ellos llegaron con grande alboroto, y otros muchos parciales con ellos, diciendo á grandes voces que no los quisiese el Embajador afrentar, creciendo entre ambas partes la sedición y tumulto, hasta que los gobernadores mandaron que volviesen á su contienda, advirtiendo al Embajador que si del todo alguno de los dos toros conocidamente no quedase vencido huyendo del otro, era luego la riña trabada entre los dueños y sus valedores, de manera que ni él ni ellos estaban alli seguros según el tumulto de los palos era grande.
Con esto, en el interin que los toros descansaban, hallándose muy cerca uno de otro, se llegaron muy paso con los cuerpos muy bajos cada uno de los dos hombres á su toro por la parte trasera hasta ponerse de cuclillas pegados con las caderas, y alli haсiendo grandes ademanes con las cabezas y brazos, en voz muy baja y que no se entendía aun de los que estaban muy cerca, los animaban á que volviesen á pelear. Y eran con tan notable afecto estas demostraciones según las señas y meneos que hacían, como si algún hombre quisiese mover a compasión á otro para que se compadeciese y doliese de él, siendo las palabras, aunque no se oían, muy á proposito y acomodadas para el mismo efecto, y se daban por muy entendidas según era sabidas de todos.
Decíanles, conforme á como los gobernadores le referían al Enbaxador, que volviesen á combatir animosamente hasta hacer huir al otro, y que no quisiesen, pues les habían costado tanto precio y tenidolos después tan regalados, que perdiesen allí su honrra y las de sus amigos.
Luego hacían otros ademanes y demostraciones de enojados, amenazándolos y hablándoles más alto, diciéndoles, aunque tampoco de manera que fuesen entendidos, que eran unos cobardes y que si no echaban á su competidor de la plaza los habían de castrar y poner en el yugo para que arasen.
Los toros, con el instinto y naturaleza suya de pelear uno con otro, y por los ademanes y meneos que veían que los incitaba á ello, juntamente con el sonido de las palabras, se movieron y animaron otra vez á combatir y ansí comenzaron á bufar y á encarar uno con otro, escarbando y levantando la tierra con los pies y manos, hasta que se volvieron á trabar y aferrar cuernos con cuernos, no cesando los ruegos y amenazas de los dueños, ni el grande aplauso de sus valedores.
Al fin, el uno de los toros, que era algo mayor que el otro, después de haber peleado gran rato llevó retirando á su contrario hasta hacerlo huir; entonces todos los de la parte del vencedor, ansí hombres como mujeres, levantaron grandísimos clamores y gritos, y cercando ansí al dueño como á su toro, los llevaron con gran fiesta y aplauso á su casa.
Podría parecer después de haber sido algo larga esta digresión, inpropia y más de lo que pide el instinto de estos animales, si no fuese tan común y usado en toda Europa el pelear unos perros con otros, mayormente de los que son mas feroces, como nuestros alanos de España y los dogos y lebreles estranjeros. Estos, habemos visto muchas veces que las personas que para este fin los tienen y buscan con cuidado por competencia de cual sea más valiente, los incitan y animan con gran vehemencia de palabras á pelear animosamente, y en fin claramente se conoce que las tales palabras y presencia de los dueños les pone animo y coraje para combatir con mayor furia y de la misma manera que si lo que les dicen para provocarlos fuera entendido de ellos.
En todas las provincias y grandes reinos de la India en que los reyes de ella crían elephantes para aprovecharse de ellos en la guerra, tienen también por muy ordinaria fiesta y entretenimiento de que estas grandes bestias peleen singularmente unas con otras, pagando mucho más precio y estimando en más los que de los dichos elephantes salen más pugnaces y valientes. Y son tantas las exhortaciones y palabras con que sus maestros y rectores los incitan y mueven á combatir, cuanto ellos exceden en instinto natural á todos los demás animales irracionales, pareciendo imposible que del todo carezcan de alguna razon.
Y no solo en los toros, perros y elephantes, que son animales fieros y de naturaleza marcial, vemos este instincto de pelear contenciosamente unos con otros, pero aun en los muy subjetos y mansos y cuyo uso es de llevar grandes cargas pacientísimamente, se muestra la misma competencia mostrándolos y provocándolos á combatir, como son los camellos, cuyos ordinarios combates aplazados tan continuos son en todas estas provincias Orientales.
Pasando de los animales terrestres á las aves, bien se sabe cuan usado y común exercicio era entre los antiguos pelear los gallos, perdices y codornices, teniéndolos con grande artificio enseñados á esto. Y aunque esto es también muy usado en Persia y en los demás reinos subjectos á su monarchia, ansí también como en todo cuanto el Turco tiene en Asia, lo es mucho más en toda la India, particularmente en la ciudad de Goa, adonde hay algunas casas, en cuyos patios, que para ello tienen espaciosos y grandes, los días de fiesta se junta gran cantidad de gente, cristianos, moros y gentiles, y allí llevan muchos de ellos gallos escogidos y muy acostunbrados á pelear, haciéndose grandes apuestas de dinero, ansí entre los dueños de los gallos como entre todos los demás circunstantes, sobre cual de ellos saldrá vencedor. Y es cosa maravillosa ver la mucha furia y coraje con que pelean estos gallos hasta quedar muchas veces muertos entrambos, porque demás de las heridas que sangrientamente se dan con los espolones y picos, con el mucho uso han aprendido también á despedazarse con unas pequeñuelas navajas que los dueños les atan entre los espolones y los pies, en la cual manera de combate hay algunos de admirable destreza.
Acabada la fiesta de los toros, que por el aplauso y contención de la gente popular fue mucho de ver, danzaron todas las mujeres que el día antes habían salido á caballo al recibimiento, muy adornadas de joyas y vestidos, y habiéndoles el Embajador mandado repartir cantidad de abasis, se volvió á su posada acompañado de los que allí se hallaron presentes.
Es la ciudad de Caxen, aunque no tan grande como las mayores de las principales de Media, de la segunda clase de ellas y que siempre ha sido muy estimada de sus reyes, ansí por ser la gente apacible y llana como por la contratación y mucha riqueza que en ella hay, por causa de la variedad y cantidad de sedas que en ella se tejen y labran, y en el territorio y aldeas suyas, de finísimas alfombras, que ansí estas como las de Spahan son las mejores de todo el Levante.
La menor parte de la ciudad es la que esta rodeada de muralla y allí están los más de los telares y demás oficios que tocan al beneficio de la seda, y ansimismo la vivienda de los mercaderes mas ricos, pero las mejores casas y caravasares para posada de los forasteros están fuera, y ansí es más vistosa y apacible estancia que la de dentro.
Hay en su término y también en huertas y jardines continuados con la ciudad, gran cantidad de fruta, mayormente de muy buenas uvas y melones, y entre dos ó tres maneras de albircoques que aquí se hallan, es una muy semejante á las ciruelas damacenas de España en el gusto, pero muy gruesos y lisos como las ciruelas, y de muy hermoso color entre rosado y amarillo, y ansí con razon es tenida esta fruta en grande estima, aunque se acaba muy presto.
El agua, con ser de pozos, es sana y buena, aunque hay notable falta de ella en todo este camino desde Spahan á Casbin, pero en muchas partes se remedia parte de su malicia con la nieve que allí, ó no muy lejos se halla, pues con ser la tierra en estremo seca y caliente hay nieve todo el año en las cumbres de algunos montes.
Será esta ciudad de cuatro ó cinco mil casas, en sitio muy llano, y por esta razon muy caliente, demás de que el Polo Árctico no se levanta sobre su horizonte mas de treinta y dos grados y treinta y cinco minutos.
(García de Silva y Figueroa "Comentarios", Tomo II, Libro V, Capítulo III, pp. 58 – 66)
Page loading Error:
Possible yuor browser doesn't support Java/Script. Check current settings.
Ошибка при загрузке страницы:
Возможно, ваш браузер не поддерживает Java/Script. Проверте текущие установки.